Saltar al contenido
El arte de Miguel Ángel Buonarroti

Miguel Ángel y Leonardo da Vinci: la batalla del arte del Renacimiento

Batalla de Cascina MIchelangelo

El arte de Leonardo da Vinci y de Michelangelo Buonarroti

Miguel Ángel y Leonardo da Vinci son dos grandes artistas multidisciplinares, que realizaron obra en arquitectura, pintura y escultura. Estos genios son dos de los máximos representantes del arte del Renacimiento italiano. Ambos fueron imitados en vida y con mucha influencia aún años después de su fallecimiento.

Leonardo da Vinci y Miguel Ángel fueron contemporáneos, aunque el primero era 23 años más mayor que el pintor de la Capilla Sixtina. Además, los dos provenían del área de Florencia. Eran dos artistas toscanos que habían crecido dentro del ambiente cultural, artístico y humanista de la Florencia del Quattrocento.

La batalla de Cascina de Miguel Ángel
Copia de La Batalla de Cascina de Michelangelo

Leonardo da Vinci, un artista del Renacimiento

Leonardo (1452-1519) se había formado en Florencia en el taller del pintor y escultor Andrea del Verrocchio. Desde el inicio de su carrera había experimentado el empirismo, la observación de la realidad y la naturaleza. Gracias a este análisis de la realidad Leonardo fue inventor y tratadista. Pero, a su vez, lo que le había alejado de los ambientes más influyentes de la intelectualidad florentina. En los cenáculos dirigidos por los Médici dominaba una filosofía idealista basada en el neoplatonismo de Marsilio Ficino.

Por tanto, Leonardo da Vinci partió a otras ciudades de Italia en busca de fortuna haciendo obras de arte y de ingeniería. Milán, Venecia, Mantua y, al final de sus días Francia, fueron los lugares en los que trabajó para varios clientes y mecenas.

La Última Cena de Leonardo y el inicio del Alto Renacimiento

En Milán Leonardo realizó el fresco de la Última Cena en el refectorio de Santa María delle Grazie. El encargo comenzó en 1495 y la pieza se acabó en 1498, tras varios años de experimentación en la técnica del fresco. Leonardo dedicaba muchas horas de observación a su pintura y la técnica clásica para fijar los colores a la pared no encajaba con su estilo pictórico. De esta forma llevó el óleo, que permitía retoques y nuevas pinceladas constantes, a la técnica del fresco. Para ello acabó añadiendo de forma experimental aglutinantes a la pintura. Eso contribuyó a que la pintura de la Última Cena de Leonardo en Milán comenzara a deteriorarse en 1500. Sólo habían pasado dos años después de su conclusión.

A pesar de los desperfectos en la pieza pictórica de Leonardo, la Última Cena colocó a su autor en el primer lugar de los artistas italianos. Se valoraban aspectos como su composición simétrica y equilibrada, el naturalismo de los personajes, la viveza de los colores, la tensión contenida de la escena. Los demás artistas acudían al Cenáculo Vinciano de Milán para observar la obra y hacer copias que circularon por toda Italia y toda Europa. Los amantes del arte de la época se dirigían a la iglesia milanesa de Santa María de las Gracias para admirar la Última Cena y disputarse los encargos de Leonardo.

Aquí tienes el enlace para comprar los tickets para visitar la Ultima Cena de Leonardo y el Cenacolo Vinciano de Milán.

La Última Cena inauguraba el período del Alto Renacimiento o Cinquecento, la época clásica de este estilo de la Historia del Arte, donde se sitúan Miguel Ángel y Leonardo da Vinci.

Dos genios del Renacimiento italiano en Florencia

A principios de la década de 1500, Leonardo era el genio indiscutible del arte. El convento de la Santissima Annunziata de Florencia contrató el boceto de La Virgen y el Niño con santa Ana y san Juan Bautista. Esta pieza preparatoria causaba admiración entre el público florentino, gran entendido en arte. Y fue una de las obras que inspiraron a Miguel Ángel Buonarroti para crear su versión de la Sagrada Familia en el Tondo Doni de la Galleria degli Uffizi de Florencia. Mientras tanto, el escultor Michelangelo trabajaba en el encargo del David entre 1501 y 1504, al tiempo que realizaba otras obras.

Hay que recordar que en la capital toscana hacía pocos años que se había terminado la época de terror dirigida por el fraile dominico Savonarola, quemado en la hoguera en 1498. La ciudad volvía a volcarse en el arte y el placer estético, tras el período rigorista donde se había promovido la religiosidad más estricta.

Por tanto, era el momento para celebrar que el gran Leonardo da Vinci estaba en su ciudad natal. La Señoría de Florencia, el gobierno local, firmó con Leonardo da Vinci en 1503 la ejecución del cartón preparatorio de la Batalla de Anghiari, un fresco que debía decorar la sala del Consiglio Maggiore del Palazzo Vechio.

La Batalla de Anghiari de Leonardo da Vinci

El contrato que se firmó entre el gobierno de la Señoría y el artista Leonardo da Vinci en 1504 exigía la entrega del cartón antes de febrero de 1505, sabedores los clientes del sentido caprichoso del tiempo que tenía el polifacético artista. Incluso se le permitía a Leonardo comenzar a pintar el fresco sin entregar el dibujo definitivo del cartón preparatorio.

El tema que reflejaba la obra era la Batalla de Anghiari, una victoria de la ciudad de Florencia sobre la de Milán en 1440, a las afueras de la ciudad homónima.

Batalla de Anghiari Leonardo da Vinci Rubens
Leonardo da Vinci, Batalla de Anghiari
Copia de Rubens

Si el cartón de La Virgen y el Niño con santa Ana y san Juan Bautista había sido largamente admirado en la ciudad, el de la Batalla de Anghiari todavía fue más exitoso. En las copias que conservamos se observa una escena bélica de lucha por la bandera, con soldados enfrentados con sus caballos.

Es una obra llena de movimiento y furor guerrero, subrayado por los caballos rampantes y el vuelo de las telas y las crines de los animales. Los milaneses aparecen deformados en sus expresiones del rostro y la torsión excesiva de los cuerpos. Sin embargo, los florentinos contienen el ardor de la lucha, dominando las artes bélicas de manera racional, sin perder un ápice de superioridad en el campo de batalla.

Los observadores más cultos podrían reconocer más significados en la escogida simbología empleada en los soldados. El líder del ejército milanés Francesco Piccinino tiene un carnero en su armadura, su compañero unos cuernos en la cabeza, símbolo de lo animal. En el otro lado, en los soldados de Florencia, existen copias con la máscara de Minerva, la diosa de la inteligencia en la guerra, frente a la bestialidad de Marte.

Las únicas referencias a esta obra están en las copias que hicieron los contemporáneos. Porque Leonardo volvió a emplear una técnica experimental que, como sucediera en la Última Cena, provocó el rápido deterioro.

Por último, la Batalla de Anghiari quedó inacabada. Leonardo se marchó a Milán, llamado por clientes que le pedían obras más lucrativas.

La Batalla de Cascina de Miguel Ángel

Miguel Ángel había presentado en 1504 su David a la ciudad de Florencia, demostrando su valía como escultor. La Signoria quería que este gran artista también participase en la decoración del Consiglio Maggiore del Palazzo Vechio con otra pintura que conmemorase las victorias de Florencia.

Michelangelo tenía el deber de ilustrar la Batalla de Cascina, obtenida frente a Pisa en 1364. El enfrentamiento había sido en el caluroso julio de la Toscana. Los soldados florentinos estaban refrescándose en el río Arno así que las tropas de Pisa se decidieron a atacar por sorpresa. Pero el aviso providencial del comandante florentino Manno Donati, que no estaba en el baño, permitió que los contendientes de la capital toscana se enfrentaran con éxito a sus enemigos.

Miguel Ángel decide representar este momento del aviso, en una escena bélica sin precedentes. Frente al lenguaje clásico de las batallas escogido por Leonardo en la pared de enfrente, Michelangelo Buonarroti escogió otra vía. No colocó ni caballos, ni hombres armados enfrentándose entre sí, ni el fragor de la guerra. El escultor florentino dibujó un grupo de hombres desnudos, exceptuando el que llega por el fondo hacia la derecha, notificando el próximo ataque enemigo. En un movimiento caótico se suman el conjunto de acciones necesarias para llevar a los soldados a la batalla. Las actividades van desde salir del agua del río hasta terminar de vestirse, todo realizado a toda prisa.

El catálogo de cuerpos es extenso, con anatomías vivas y expresivas, pero siempre armónicas, incluso en los cuerpos de los soldados más mayores. Hasta las camisas y las calzas que van cubriendo la desnudez se ajustan perfectamente a la piel, enfatizando la línea anatómica de las figuras.

Copia de la Batalla de Cascina de Michelangelo, obra de Bastiano da Sangallo

Una obra de arte republicana de Miguel Ángel

Aunque pudiera parecer un tema anecdótico para un trabajo con función propagandística en un contexto tan decoroso como una sala del Palazzo della Signoria de Florencia, la obra de arte de Miguel Ángel funciona perfectamente. No celebra una victoria, pero sí que habla del carácter republicano de Michelangelo y el resto de florentinos. Hay que estar preparados siempre para servir cívicamente y militarmente a la ciudad.

Mientras que Leonardo emplea un lenguaje culto, con alusiones a símbolos de la antigüedad clásica, la Batalla de Cascina de Miguel Ángel se centra en la potencialidad expresiva del cuerpo desnudo. En una obra de arte enfrentada directamente a la de Leonardo. Con ella recuerda que el viejo maestro recurre a un lenguaje refinado que se ha vuelto obsoleto.

Para finalizar este apartado de las batallas hay que decir que Miguel Ángel y Leonardo coincidieron en algo: ninguno de los dos terminó su obra. Hubiera sido uno de los grandes espacios artísticos de la Historia del Arte.

La influencia de Miguel Ángel en la Historia del Arte

A pesar de que las obras no se acabasen, la influencia de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci fue enorme en los artistas contemporáneos y aún los posteriores.

Aunque se puede decir que Miguel Ángel fue el vencedor de estas batallas de arte. Creó una obra moderna frente al recurso de una escena bélica convencional de Leonardo, convirtiendo al instante en antigua la obra de da Vinci.

Además, el conjunto de cuerpos desnudos en movimiento llevó a los artistas de su tiempo un extenso catálogo artístico. Este se inició en la Batalla de Cascina y continuó en las dos etapas de la pintura al fresco de la Capilla Sixtina.

Por último, parece que fue Michelangelo quien influyó en Leonardo y no al contrario. A partir de este encuentro en Florencia el pintor da Vinci siguió con sus estudios de anatomía, pero centrándose en cuerpos musculosos, cuando no era había sido objeto de su análisis. Quería llegar a comprender con sus dibujos cómo había llegado Miguel Ángel Buonarroti a su espectacular producción de arte de desnudos.